De 10 en 10 y acabado en 8
Hasta donde me llegan los recuerdos, que ciertamente no van más allá de mis tiempo de EGB, aquellos años que acaban en 8 a lo largo de mi vida han supuesto un cambio principalmente en el mundo educativo o profesional.
Para ser más concretos, corría el año 1.988 cuando dejé la tranquila Pucela y tome ruta hacia Bilbao con el fin de comenzar mis estudios de informática en la afamada universidad de Deusto. Como buen chico de provincias llegue a la capital con unos levi’s 501 y un jersey verde de lacoste (que aún conservo) que mis padres me habían comprado no sin un gran esfuerzo, pues no eran años precisamente gloriosos económicamente.
Todo lo que fuera necesario para aquel chaval que se escapaba del instituto para ir al “Contiente” de Parquesol a programar en los Amstrad que tenían en venta en las recientes secciones de informática.
Afortunadamente recalé en casa de unos tios míos a los que iría siguiendo a lo largo de los años. Digo afortunadamente porque gracias a aquel entorno familiar estoy seguro que conseguí acabar la carrera en el plazo establecido. Gracias a eso y a las becas que conseguí tanto de la universidad como de aquel por entonces gobierno socialista.
Como quiera que fuera, 10 años más tarde, allá por 1.998 decidí dejar el ajetreado mundo laboral de Madrid y la placentera vida en Las Rozas, de nuevo con aquellos tíos de Bilbao que ahora lo eran de Madrid, por una estancia en tierras holandesas.
Esta vez no recuerdo si fuí con unos levi’s o con un lacoste verde, lo que si recuerdo fue el mapa con las etapas en el viaje marcado que les deje a mis padres para que supieran por donde iba su hijo en su flamante ford fiesta de 55 caballos matrícula de Badajoz, sin aire acondicionado y con 1.800km por delante.
Esto me recuerda que en esta fechas hace 10 años que entablé unas estupendas amistades que aún mantengo con mayor o menor grado de contacto.
El caso es que estamos en 2.008 y excepto por unos estudios en la UNED que llevan un ritmo lento, llevo 8 años en la misma empresa, con el mismo jefe y en la misma ciudad y no hay visos de que vaya a ocurrir nada este año que haga que la estadística se cumpla, si bien reconozco que dos muestras no indican siquiera una tendencia.
Aún quedan unos meses y no sé si me apetece mucho que algo cambie o que siga todo igual, aunque para ser sincero, por dentro tengo unas ganas enormes de que mi dinámica, al menos en lo laboral y en lo político, se vea alterada. Como dicen en los cursos de eficacia directiva, nosotros somos dueños de nuestra carrera profesional, y creo que en cierto modo es verdad, como es verdad que ya he dado unos pasos para que algo cambie, para que todo siga cambiando.
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